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La Coctelera

Despistada

¿Encontraré lo que busco?

23 Abril 2014

Las voces son listas

Hoy vi a alguien a quien no había visto en mucho tiempo, y me habló del blog. Y pensé "vamos a echar un ojo".

Y vaya...ojalá lo hubiera hecho antes. Mi anterior entrada, la de las voces, tenía toda la razón.

Ahora sólo puedo pensar en que esto ha sido una gran pérdida de tiempo y energía. Una relación que sólo me ha enseñado lo que no quiero.

Por suerte he podido librarme de ella antes de que fuera tarde, antes de que la modorra emocional me llevara a mayores compromisos que un contrato de alquiler de piso. Ahora me siento libre, ligera y con ganas.

Y sólo pienso en disfrutar de nuevo, sobretodo con un concierto de Sober en la agenda. Es la presentación de nuevo disco que no podría tener mejor nombre: Letargo.

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16 Noviembre 2013

Quién me iba a decir...

...que volvería a ver la nieve en Madrid.

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12 Abril 2013

¡Cuanto tiempo!

Pues sí.... It's been a long time. Quizá un año, un poco menos, pero aproximadamente un año que no vuelvo por estos lares.

Quizá es porque no lo he necesitado, quizá porque me daba miedo que mi historial de firefox mostrara lo que no quiero. Pero esta noche me da todo un poquito igual, sólo un poquito.

Mi vida ha cambiado tanto en un año....

Ahora mismo me siento un poco depre si pienso en ello. Mis sueños (la ciencia, el correr... todo eso ha pasado casi a segundo plano, sin dejar nada que valga la pena en primero) se han fundido como la nieve del invierno a la primavera, una primavera que no termina de llegar.

Una primavera que tarda, que llevo esperando desde hace meses. Quizá me equivoco, o quizá no. Me he dejado llevar por una vida fácil y cómoda, acompañada de alguien que me quiere sin apenas miedo. Un miedo que él no me tiene por todo el miedo que yo sí le tengo. Una parte de mi cabeza  me dice que ese miedo que tengo es porque yo también le quiero. Otra parte de mí me dice que el miedo viene porque no le quiero.

Al infierno. Hace un tiempo que dejé de escuchar esas voces, las voces que gritan cuando me pongo a darle a la tecla como estoy haciendo ahora mismo. Quizá por eso he tardado tanto en "darle a la tecla" como ahora... porque me da miedo dar rienda suelta a esas voces que dicen cosas que no quiero pensar. Cosas, cosas... cosas que no quiero que vengan a mi cabeza.

Esas cosas son miedos, lo tengo claro, pero ya no murmuran ni cuchichean entre ellas. Gritan sin pensar en quien pueda oirlas. Vociferan en mi mente y discuten, aunque no quiera oírlas.

¿Esto es lo que quieres?

¿Esto es lo que esperas?

¿Crees que así serás feliz?

¿Algún día tendrás lo que quieres?

¿Y ya sabes lo que quieres?

¿Sabes algo?

Pues no. No tengo ni idea. Otra vez vuelvo a tener a alguien que me quiere con locura, y yo sigo sin pensar que sea lo mejor para mí. Pero, como me dijo mi psicóloga mejor amiga durante un tiempo.... nunca estoy conteta con nada, siempre pongo límites imposibles, Y quizá esta sea de las últimas oportunidades que la vida me brinda.

Pero sigo sin estar segura, sin saber si hago lo correcto o no. A lo mejor he visto demasiadas pelis, o demasiados capítulos de los simpson para saber qué es bueno y qué no.

Lo único que se es que hoy duermo en el sofá porque no quiero ir a la cama con él, porque no quiero estar ni tan sólo cerca de él. Estoy enfadada, como una niña que pone morritos, se gira y da la espalda con los brazos cruzados, esperando que la otra persona se de cuenta de que su comportamiento mi hiere. Aunque quizá no debería.

A estas alturas, y estas horas, y a este grado de cervezas (últimamente mi tolerancia al alcohol se ha vuelto mínima, ya que apenas bebo, ni salgo, ni nada que sea remotamente divertido).... no debería ni tratar de escribir.

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15 Enero 2013

Historias que se repiten

Hace tiempo leí en el blog de una amiga una frase. No sé si el término "amiga" es el más adecuado, ya que apenas tenemos contacto, pero para mí es alguien especial. Así que lo llamaré del modo más exacto que me viene a la cabeza.

Hace tiempo, leí en el blog de alguien especial para mí una frase que me sorprendió, porque siendo excepcionalmente sencilla, era a la vez brutalmente cierta.

"Si siempre haces lo mismo, ¿cómo esperas que cambie el resultado?"

Quizá no era así exactamente, las palabras pueden ser diferentes, pero el mensaje era éste.

Y, hoy, me he dado cuenta de que sigo haciendo lo mismo, una y otra vez, esperando que ésta sea la definitiva, que las cosas saldrán bien, que me merezco que algo salga bien. No me he dado cuenta, quizá hasta ahora, que no hay una justicia cósmica ni un equilibrio esencial que haga que las cosas me salgan bien sólo porque hasta ahora han salido mal.

Si sigo haciendo lo mismo, siempre me obtendré el mismo resultado.

Tiene gracia. Hace escasos dos días me aventuré a explicar a la persona más importante para mí en estos momentos algo que me ocurrió hace tiempo. Hace mucho, de hecho, pero me parece que fuera hace unos meses, unas semanas, ya que la herida estuvo abierta, supurando como una úlcera infectada.

A lo que iba... ando un poco dispersa, supongo que porque mi corazón se siente acelerado, el cerebro no quiere estar en la realidad y divagar me ayuda a olvidar que estoy en una habitación fría, pequeña, con luz blanca y que me siento la persona más sola y estúpida de toda Barcelona.

Hace dos días decidí relatar algo que me ocurrió. No un suceso trágico, ni una gran historia. Algo que a todos nos ocurre más tarde o temprano, una vez o varias. Todos tenemos un desamor, todos sufrimos un rechazo, un desengaño. Confesé que me habían herido hace un tiempo y que no había vuelto a confiar en nadie hasta el momento.

Confesé porque me sentía a salvo, en brazos seguros. Y volví a caer otra vez.

Me han mentido. Otra vez. Me han engañado, utilizando mi inocencia para el propio beneficio. Y ahora.... ahora, ¿qué?

No sé qué hacer, excepto teclear como una loca algo que todavía no sé ni si publicaré. El sonido de las teclas me relaja, pensar las palabras, ordenarlas para formar frases me relaja. Pero en algún momento tendré que dejar de teclear, porque no tengo mucho más que decir.

Sólo noto que duele. Duele. Y vuelvo a no comer, no dormir, no hacer nada excepto pensar "¿Y ahora qué hago?".

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16 Abril 2012

¿De dónde has salido tú?

Te quiero.

Inmóvil, cierro los ojos y noto las puertas que se abren y el torrente que contenía durant estos días arrasa con todo. No soy capaz de articular palabra, ni tan sólo pensarla. Debería decir algo... ¿pero qué? No lo sé. Si estaba asustada, ahora ya me he paralizado. Gatito asustado, sí. Gatito acojonado, qué cojones.

Blanca, amarilla, verde, azul...ahora tienes los ojos verdes. Sí. ¿Estás bien?. Creo que sí.

No puedes hacerme esto, no puedes quererme. No, no, no. No me conoces, no sabes nada. Llevo una semana repitiéndolo: no, no, no. Y sólo me sale eso, y una retahíla de motivos para no esperar nada de todo esto. Vamos a acabar mal, heridos, muertos. Demasiado pirados como para soportarnos durante mucho tiempo. ¿Cuánto? No lo sé. Cuatro días. Sólo quedan cuatro días. Y hoy, por propia voluntad, no te voy a ver. Voy a quemar uno de esos cuatro días como quien quema un billete.

Necesito unas horas para reposar. Necesito que tus palabras caigan al fondo de mi conciencia, y allí ver si germinan o se pudren para quedar en nada. Necesito no verte, estar sola. Te odio, te odio.

Y cada vez que te digo que te odio, te estoy diciendo que te quiero. Sólo que no soy tan valiente, o tan inconsciente como tú, y sólo te digo una y otra vez: Te odio, te odio.

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12 Abril 2012

Mucho.

Tanto, tanto, que me quedo sin palabras.

Demasiado, quizá.

Asusta, asusta mucho.

Esto no es bueno, no acabará bien, no puede ser. Hay que buscar otro modo, o dejarlo correr. ¿Dejarlo correr? No no no. Ni hablar, de ningún modo. Para nada.

Pero tengo miedo, mucho miedo. La última vez que me dejé llevar de este modo acabé herida, imbécil, no quiero más cicatrices. No quiero estar con alguien tan parecido a mí que asusta, y el tiempo se escurre entre sus brazos.

Cinco días. Sólo cinco, y el mundo ha cambiado. Los colores no son iguales, ni la gente, ni los sitios ni las palabras ni el cielo, ni mis botas.

Esto da mucho miedo, mucho. Sólo durará dos semanas, y ya ha pasado casi una. Queda otra, según mis cálculos.

Mierda, mierda, mierda.

Me quedo quieta en el torrente, sin atreverme a dejarme llevar. Quién sabe si a lo lejos hay piedras afiladas, una cascada, aguas rápidas. La corriente me empuja, y apreto mis pies contra el suelo. No no no. De aquí no me muevo, aunque cada vez cueste más. Aunque detenga mi lengua cuando después de besarte siento un "- " en la punta, a punto de rodar labios abajo. No no no. Lo empujo dentro de la boca de nuevo, y me lo trago.

Me gusta cuando me miras a los ojos, y sonríes. Y cuando cierras los ojos, cojes aire y lo expulsas, en una sonora carcajada "ja ja ja". Pero aún me gusta más cuando estoy al borde del sueño y te oigo hablarme, pensando que tus palabras morirán en la piel dormida. Te escucho, atenta, y disimulo mal una sonrisa al entender.

Hace unas horas. Ya te echo de menos.

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10 Abril 2012

No te puedo morder

El corazón no se derrite. Revienta.

No te soportaré mucho tiempo.

 

Yo sí que estoy acojonada, aunque me ría. Aunque me haga la dura, y encima te lo creas.

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28 Marzo 2012

Mis queridas cuestas

Hoy tocaba un entrenamiento especial. Cuestas. Y no cuestas sencillas, el típico repechillo en el camino... Montjuïc.

Será por mi carácter de tobogán, subiendo y bajando constantemente, que me gustan tanto las cuestas. Las malditas hacen que el corazón se desboque, los músculos aullen de dolor hasta, como un palo en el engranaje, dejen de de funcionar.

El compi ha tenido muy buena idea con este entrenamiento. Estaba planteado como 3 vueltas a un circuito de cuestas con un total de 9km.

Primera vuelta: casi en frío, la patata se ha disparado enseguida y los gemelos y los isquios se han quejado bastante. Como piedras. El compi me miraba, mitad solidario, mitad moska. No me sobrevalores, hombre. Vamos a por la ...

...Segunda vuelta: Esta vez quien se ha quejado eran los gemelos y los glúteos. Mucho mejor que la anterior, se me ha hecho corto ese km de subida contínua. Eso sí, al llegar arriba, el compi ha decidido modificar el recorrido.

Ha estado mucho rato hablándome de "la cuesta". Esos 300 metros que pican hacia arriba, la última subida de la carrera para dispararse hacia los últimos 3km hasta la meta, todo bajada. Al final, tanto me ha picado, que hemos sacrificado la tercera vuelta para ir a por ella.

Como predadores tras la gacela hemos tirado poco a poco, pasando por delante de la INEFC, el estadio, y finalmente hemos llegado a sus pies.

Iniciamos la subida con tiendo, con el ritmo marcado, poco a poco pero sin parar. Primero en fila india, hasta que he visto que con mi ritmo iba a sufrir demasiado, y he adelantado mi posición si hacer caso de sus "ey, tranquila". No puedo, necesito llegar arriba ya. Para su sorpresa, la he terminado. He llegado a la cima. Con las ppm disparadas, el corazón retumbando del esfuerzo y la alegría. ¡Conseguido! El compi, más tarde, me ha confesado que pensaba que no lo lograría.

Me encanta correr, pero aún más me gusta superar retos.

La semana que viene, más. Y el 15 de abril, haré el mismo recorrido con un dorsal en la camiseta. ¡A por todas!

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Buscando, buscando por la gran ciudad un poquito de felicidad. Un poco en las biopsias, un poco en las cervezas de gracia, el rock de Marina y las olas de la playa.
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