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La Coctelera

Despistada

¿Encontraré lo que busco?

23 Agosto 2014

La rueda gira y gira y.....

... y en algún momento parece que va a parar, pero sólo frena un poco. Y me deja abajo, agotada, exhausta, pensando que por fin podré descansar hasta que me doy cuenta de que el movimiento no ha cesado, y vuelve a acelerarse y me obliga a seguir andando, corriendo, tropezando, avanzando a cuatro patas para no dar con mis dientes en el suelo.

Y así son estos días, estos meses. Podría decir que he salido de dos años de estupor velado, que parecía un campo minado, donde anduve sin saber si el siguiente paso conllevaría a un estallido de ira, miedo y gritos y puños levantados que nunca caerían pero nunca se sabía.

Ahora, aunque corra, es mi rueda, mi campo sin minas.

"Que no quiero estar con nadie, ni ser la chica de, la novia de, la que sale con... Quiero ser yo"

Estos últimos meses están siendo una excursión.

Primero hacia afuera: quise descubrir qué me había estado perdiendo durante dos años. He salido, he follado con críos, con mayores, con amigos. He bailado, he gritado, he ido a conciertos. Me he drogado hasta poner mi cuerpo al límite, luego recuperado las energías, comido techo durante horas reflexionando hasta rendirme al sueño. He retomado amistades de las buenas, he sido aceptada en nuevos grupos y readmitida en antiguos. He compartido noches eternas en antros de barrio. He sentido miedo, pero ese miedo bueno de saber que dependo de mí, y nadie más.

Ahora toca hacia dentro: quiero retomar el francés, los entrenamientos, aprender a tocar de una vez la maldita guitarra. Leer lo que tengo pendiente, perderme mirando el mar a solas, correr durante horas sin darme cuenta.

Me siento libre, y a la vez prisionera de mí misma. Es una sensación extraña, pero a ratos inmensamente placentera. Vuelvo a ser yo, sin amo, sin el yugo de la amenaza y la burla. Y a la vez da miedo, como siempre, mi eterno compañero. Aunque últimamente seamos colegas; él no me amenaza, yo no le olvido, y ambos estamos bien.

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23 Julio 2014

Volveremos a ser Valientes

Y ésta es una de mis canciones favoritas de La Cabra Mecánica, supongo que porque es una canción de renacer, de volver a empezar sin miedo, sin tabú, sin resquemor, con mucha tontería y felicidad.

Me apetece sentirme así, aún cuando sea algo totalmente opuesto a lo que siento. Siento que tanto yo como los demás estamos acojonados. Vale, quizá en quien estoy pensando lo está más que yo, para variar.

Hace unas horas, en esos momentos en los que ya no existen los filtros ni la oscuridad alrededor, hablamos de ello. Éramos tres motas de polvo en un comedor inundado de luz, esa luz de mediodía que no tiene que ser. Deberia ser noche, debería ser oscuridad, debería ser tantas cosas que no eran...

Como decía, éramos tres motitas perdidas dejándose llevar por el aire de la estancia, hablando entre nosotros y hablándonos a nosotros mismos, vomitando confesiones necesarias para el ego. Los tres acojonados por la vida, por lo ocurrido, por lo que podría ocurrir y por nuestra propia existencia. Nos unía el miedo, y, como un grupo de terapia psicológica, nos entregamos sin tocarnos. Nuestros ojos eran ventanas abiertas sin cortinas.

Con ellos me di cuenta del miedo que me embargaba, porque reconocí mi propio miedo en el suyo.

Y ahora sigo así, con el miedo destapado, desnudo. Intento cubrirlo con vestidos, disfraces, pero ya es tarde. El miedo se ha descubierto, ha abierto la gabardina para empaparme de su desnudez "¡chas!". Ahora le he visto, y no me puedo quitar la imagen de la cabeza.

Miedo, miedo, miedo. Hay quien me dijo hace tiempo que tenía que dejar de sentir tanto miedo, que eso me liberaría.

Me quité el miedo suficiente como para escribirle, y ahora que no hay respuesta prometida, el miedo ha vuelto. No el miedo hacia él, pero sí el miedo inicial, el miedo de cultivo, ese miedo a ser invisible, a no existir. Porque, no nos engañemos, existimos porque somos alguien para alguien. Aunque ese alguien sea un perrete.

Como mínimo sé que tanto tiempo fuera de estos lares ha vuelto a transformar mi blog en lo que era, un lugar donde puedo vomitar todo lo que quiera, cuando quiera, como quiera. No importa lo desorganizado e imbécil que sea.

Así que esta entrada tiene el título que me gustaría decirle a ellos. Volveremos a ser valientes. Volveremos a mirar a la vida a los ojos sin necesidad de desafiarla, porque la vida dejará de ser hostil. Será de nuevo mullida, suave, tranquila y segura. O eso espero.

Y seremos superhéroes.

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22 Julio 2014

Happy monguer

Porque servidora no se enchocha ni se atonta, una menda se obsesiona un rato. Por suerte, si no alimento la obsesión luego se me olvida. Con suerte, mejor dicho. O hago ver que se me olvida fácilmente.

Tengo un montón de "y si...." en mi cabeza. Esos "y si" que se quedan en eso, fantasmas, pero son caspers que no asustan nada. Me hacen estar más contenta, más tontita, con más ganas de querer a los que me rodean.

Constantemente esperando el mañana, porque quizá mañana ocurre algo. De día en día, de finde en finde, porque no hay nada que me obsesione más que intentar hacer realidad los imposibles. Y luego me frustro, me enfado, me entristezco y me doy cuenta de la idiotez que he cometido. Pero sigo esperando, como el perrete mira a cada cliente que sale de la tienda con la misma ilusión de que por fin verá esa cara amada, el sentido de su ser perro. Yo espero así, pero sólo por la ilusión de esperar, por ese chute de adrenalina que provoca cada situación ligeramente parecida a alguno de mis "y si".

Que no pasará nada, y yo me olvidaré, y quizá me entristezca unas horas, no más. Lo mejor es que, como de mi boca no sale nada, la humillación es interna y no pasa de propiovergüenza. Ventajas de ser así de arisca, de entregar los mimos a cuentagotas. Que luego nadie se da cuenta de me hiere y yo me quedo con la coraza exterior intacta.

Porque mira que hay que ser imbécil. Pero a la vez pienso que no es imbecilidad, es cautela. Y me digo "estúpida", y el otro yo me responde "responsable". Todo lo responsable que se puede ser con taquicardia, los ojos negros y el cerebro convertido en una lavadora centrifugando, claro.

Y me sonrío así por dentro, y aunque me sienta un poco idiota, me siento feliz de actuar como actúo.

Porque una será monguer, pero lo es a mucha honra.

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23 Abril 2014

Las voces son listas

Hoy vi a alguien a quien no había visto en mucho tiempo, y me habló del blog. Y pensé "vamos a echar un ojo".

Y vaya...ojalá lo hubiera hecho antes. Mi anterior entrada, la de las voces, tenía toda la razón.

Ahora sólo puedo pensar en que esto ha sido una gran pérdida de tiempo y energía. Una relación que sólo me ha enseñado lo que no quiero.

Por suerte he podido librarme de ella antes de que fuera tarde, antes de que la modorra emocional me llevara a mayores compromisos que un contrato de alquiler de piso. Ahora me siento libre, ligera y con ganas.

Y sólo pienso en disfrutar de nuevo, sobretodo con un concierto de Sober en la agenda. Es la presentación de nuevo disco que no podría tener mejor nombre: Letargo.

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16 Noviembre 2013

Quién me iba a decir...

...que volvería a ver la nieve en Madrid.

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12 Abril 2013

¡Cuanto tiempo!

Pues sí.... It's been a long time. Quizá un año, un poco menos, pero aproximadamente un año que no vuelvo por estos lares.

Quizá es porque no lo he necesitado, quizá porque me daba miedo que mi historial de firefox mostrara lo que no quiero. Pero esta noche me da todo un poquito igual, sólo un poquito.

Mi vida ha cambiado tanto en un año....

Ahora mismo me siento un poco depre si pienso en ello. Mis sueños (la ciencia, el correr... todo eso ha pasado casi a segundo plano, sin dejar nada que valga la pena en primero) se han fundido como la nieve del invierno a la primavera, una primavera que no termina de llegar.

Una primavera que tarda, que llevo esperando desde hace meses. Quizá me equivoco, o quizá no. Me he dejado llevar por una vida fácil y cómoda, acompañada de alguien que me quiere sin apenas miedo. Un miedo que él no me tiene por todo el miedo que yo sí le tengo. Una parte de mi cabeza  me dice que ese miedo que tengo es porque yo también le quiero. Otra parte de mí me dice que el miedo viene porque no le quiero.

Al infierno. Hace un tiempo que dejé de escuchar esas voces, las voces que gritan cuando me pongo a darle a la tecla como estoy haciendo ahora mismo. Quizá por eso he tardado tanto en "darle a la tecla" como ahora... porque me da miedo dar rienda suelta a esas voces que dicen cosas que no quiero pensar. Cosas, cosas... cosas que no quiero que vengan a mi cabeza.

Esas cosas son miedos, lo tengo claro, pero ya no murmuran ni cuchichean entre ellas. Gritan sin pensar en quien pueda oirlas. Vociferan en mi mente y discuten, aunque no quiera oírlas.

¿Esto es lo que quieres?

¿Esto es lo que esperas?

¿Crees que así serás feliz?

¿Algún día tendrás lo que quieres?

¿Y ya sabes lo que quieres?

¿Sabes algo?

Pues no. No tengo ni idea. Otra vez vuelvo a tener a alguien que me quiere con locura, y yo sigo sin pensar que sea lo mejor para mí. Pero, como me dijo mi psicóloga mejor amiga durante un tiempo.... nunca estoy conteta con nada, siempre pongo límites imposibles, Y quizá esta sea de las últimas oportunidades que la vida me brinda.

Pero sigo sin estar segura, sin saber si hago lo correcto o no. A lo mejor he visto demasiadas pelis, o demasiados capítulos de los simpson para saber qué es bueno y qué no.

Lo único que se es que hoy duermo en el sofá porque no quiero ir a la cama con él, porque no quiero estar ni tan sólo cerca de él. Estoy enfadada, como una niña que pone morritos, se gira y da la espalda con los brazos cruzados, esperando que la otra persona se de cuenta de que su comportamiento mi hiere. Aunque quizá no debería.

A estas alturas, y estas horas, y a este grado de cervezas (últimamente mi tolerancia al alcohol se ha vuelto mínima, ya que apenas bebo, ni salgo, ni nada que sea remotamente divertido).... no debería ni tratar de escribir.

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15 Enero 2013

Historias que se repiten

Hace tiempo leí en el blog de una amiga una frase. No sé si el término "amiga" es el más adecuado, ya que apenas tenemos contacto, pero para mí es alguien especial. Así que lo llamaré del modo más exacto que me viene a la cabeza.

Hace tiempo, leí en el blog de alguien especial para mí una frase que me sorprendió, porque siendo excepcionalmente sencilla, era a la vez brutalmente cierta.

"Si siempre haces lo mismo, ¿cómo esperas que cambie el resultado?"

Quizá no era así exactamente, las palabras pueden ser diferentes, pero el mensaje era éste.

Y, hoy, me he dado cuenta de que sigo haciendo lo mismo, una y otra vez, esperando que ésta sea la definitiva, que las cosas saldrán bien, que me merezco que algo salga bien. No me he dado cuenta, quizá hasta ahora, que no hay una justicia cósmica ni un equilibrio esencial que haga que las cosas me salgan bien sólo porque hasta ahora han salido mal.

Si sigo haciendo lo mismo, siempre me obtendré el mismo resultado.

Tiene gracia. Hace escasos dos días me aventuré a explicar a la persona más importante para mí en estos momentos algo que me ocurrió hace tiempo. Hace mucho, de hecho, pero me parece que fuera hace unos meses, unas semanas, ya que la herida estuvo abierta, supurando como una úlcera infectada.

A lo que iba... ando un poco dispersa, supongo que porque mi corazón se siente acelerado, el cerebro no quiere estar en la realidad y divagar me ayuda a olvidar que estoy en una habitación fría, pequeña, con luz blanca y que me siento la persona más sola y estúpida de toda Barcelona.

Hace dos días decidí relatar algo que me ocurrió. No un suceso trágico, ni una gran historia. Algo que a todos nos ocurre más tarde o temprano, una vez o varias. Todos tenemos un desamor, todos sufrimos un rechazo, un desengaño. Confesé que me habían herido hace un tiempo y que no había vuelto a confiar en nadie hasta el momento.

Confesé porque me sentía a salvo, en brazos seguros. Y volví a caer otra vez.

Me han mentido. Otra vez. Me han engañado, utilizando mi inocencia para el propio beneficio. Y ahora.... ahora, ¿qué?

No sé qué hacer, excepto teclear como una loca algo que todavía no sé ni si publicaré. El sonido de las teclas me relaja, pensar las palabras, ordenarlas para formar frases me relaja. Pero en algún momento tendré que dejar de teclear, porque no tengo mucho más que decir.

Sólo noto que duele. Duele. Y vuelvo a no comer, no dormir, no hacer nada excepto pensar "¿Y ahora qué hago?".

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16 Abril 2012

¿De dónde has salido tú?

Te quiero.

Inmóvil, cierro los ojos y noto las puertas que se abren y el torrente que contenía durant estos días arrasa con todo. No soy capaz de articular palabra, ni tan sólo pensarla. Debería decir algo... ¿pero qué? No lo sé. Si estaba asustada, ahora ya me he paralizado. Gatito asustado, sí. Gatito acojonado, qué cojones.

Blanca, amarilla, verde, azul...ahora tienes los ojos verdes. Sí. ¿Estás bien?. Creo que sí.

No puedes hacerme esto, no puedes quererme. No, no, no. No me conoces, no sabes nada. Llevo una semana repitiéndolo: no, no, no. Y sólo me sale eso, y una retahíla de motivos para no esperar nada de todo esto. Vamos a acabar mal, heridos, muertos. Demasiado pirados como para soportarnos durante mucho tiempo. ¿Cuánto? No lo sé. Cuatro días. Sólo quedan cuatro días. Y hoy, por propia voluntad, no te voy a ver. Voy a quemar uno de esos cuatro días como quien quema un billete.

Necesito unas horas para reposar. Necesito que tus palabras caigan al fondo de mi conciencia, y allí ver si germinan o se pudren para quedar en nada. Necesito no verte, estar sola. Te odio, te odio.

Y cada vez que te digo que te odio, te estoy diciendo que te quiero. Sólo que no soy tan valiente, o tan inconsciente como tú, y sólo te digo una y otra vez: Te odio, te odio.

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Buscando, buscando por la gran ciudad un poquito de felicidad. Un poco en las biopsias, un poco en las cervezas de gracia, el rock de Marina y las olas de la playa.
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