Hoy en día las palabras están en boca de todos: la gente de la calle, los profesores, los teleoperadores, la cajera, la vecina, mi jefa, el camarero del bar, el de la asistencia técnica telefónica, mis padres, mi compañera lagarta, el ninio... todos tenemos el uso de la palabra relativamente desarrollado.

Pero de un tiempo a esta parte han aparecido los "terroristas lingüísticos". Son personas que hacen un mal uso de las palabras y les atribuyen significados que no les corresponde. Son bocas que minan la grandeza de los significados. Son labios que pronuncian lo incorrecto y dientes que dejan escapar una cantidad ingente de sandeces en cada frase que silba el aire entre ellos. Las lenguas deberían pudrirse al no saber expresar nada en condiciones. Las encías deberían dejar caer sus dientes en cada expresión innecesaria y estúpida. Las cuerdas vocales deberían quedar estáticas ante la idea de expresar una idea equívocada que sólo conduce a la confusión y/o la difamación. A veces, las palabras de los políticos son como latigazos al rebaño para que vaya donde quieren, confuso y sumiso, ya que un latigazo no expresa nada, sólo una orden y un miedo del que lo empuña.