Cuando empezé Tokio Blues, pensé que apenas me tocaría por dentro... después de haber leído otro título anterior de Murakami y sabiendo que éste era un best-seller el año pasado, era de extrañar que consiguiera este efecto en mí. He vivido la historia, me ha turbado tanto como si los hechos le hubieran pasado a alguien muy cercano a mí, he pasado días pensando en la história que leía, en cómo reaccionaría yo ante esas situaciones, en cómo estaba reaccionando ahora ante mis propias situaciones, si hacía lo correcto, si sería capaz de hacer lo correcto... Este libro ha sido como una masturbación que no ha fallado, que nadie ha interrumpido y sin que la fantasía se evaporara en ningún momento. He llegado al orgasmo de lector a las ocho de la mañana de hoy, en el tren, delante de tanta gente. Muchas veces me da vergüenza acabar delante de tanta gente, me da la sensación que estoy compartiendo los últimos momentos de algo que he disfrutado en solitario y me apetece que todo el mundo desaparezca.

Sigo con las ganas de abandonarlo todo un par de días. Fantaseo con la idea de coger un avión a las 8 de la mañana del sábado para volver a las 10 de la noche del mismo día (no tengo economía para hostales), y pasar un día en cualquier ciudad fuera de aquí, a poder ser, europea. Me gustaría ir acompañada, pero el ninio está sin un duro, la compa estará sin un duro, y, de verdad de la buena, no me apetece que sean ellos quienes vengan conmigo. Me apetece estar con alguien a quien apenas conozca, con quien no tenga ningún lazo sentimental, alguien que no me importe cómo está, cómo se encuentra, qué quiere. Alguien que me la sude, que sólo me de compañía, conversación y, si acaso, comentarios sobre lo que nos rodee. Supongo que tengo ganas de sentirme una desconocida por unas horas.

Hoy es mi último día en esta oficina... estoy tranquila. No me gusta mucho. La gente es maja, pero el trabajo aburridísimo. El martes empiezo en otra, no sé cómo será. El trabajo pinta fácil, el resto... no lo sé.

Hoy hacemos una cena los compañeros de clase. Después de haber fijado una fecha, quisieron cambiarla. Indignación corría por mis venas (había cambiado planes para que fuera la fecha inicial). Al final se dejó tal como estaba. Luego en teoría se van de fiesta, a mí no me apetece encerrarme con un puñado de postadolescentes en un local cerrado, ellas alternando un cubata con una botellita de agua, ellos mirando el panorama femenino, todos fingiendo un compañerismo que desapareció hace tiempo. Además, estoy casi sin blanca. Pero me apetece emborracharme con alguien, pero, para variar, cuando a mí me apetece hacerlo, a nadie más le apetece. Cuando a mí me apetece acostarme porque estoy rendida, los demás se emborrachan. Al final pensaré que no es sólo paranoia mía.

Tengo ganas de escapar unas horas de mi vida. A ver si me venden un billete por lastminute. Quiero volar, lejos de aquí escapar....