Hace mucho fantaseaba con Tylz. Era un ser siniestro, triste pero temible, que se escondía por las esquinas de mi imaginación. Creía que era casualidad que apareciera justo en aquel momento, pero ahora me doy cuenta de que era mi subconsciente, que había decidido aflorar en mis momentos de consciencia también para avisarme de que Tylz, como yo lo llamé, existía de verdad. Y si no me andaba con cuidado... me iba a destruir.
Ilusa de mí que no le hice caso, y como el monstruo ciego del laberinto del fauno, estuvo a un tris de pillarme. Ese monstruo gris, cornudo, con mirada triste pero garras cabreadas, pasea por ahí, ya lejos de mí. Cuando se escondía disfrazado de ratón en mis relatos, o cuando intentaba conquistar a Clara (ser cándido y tal...) no me di cuenta de que, como una cría, sólo estaba plasmando en el papel lo que vivía en la vida real con metáforas. Y voy a darme cuenta ahora, que ya lo derroté hace tiempo. Y justo me acuerdo en el post de la verdad y el silencio...
Son días raros de encuentros con los demás y conmigo misma, me siento como si acabara de nacer del capullito ahora mismo.

Esto me lo vas a poder explicar con más calma?
¿Acaso los textos de Tylz tenían explicación? (no)
No, pero supuse que la traslación vidareal-metáfora podría ser explicada, si has llegado a esa conclusión. Pero bueno, aunque me gustaría (sabes que la curiosidad es uno de mis pecados), supongo que una vez sabido no me gustaría saberlo.