Desajustes hormonales
Desde los 13 años, y todavía no me acostumbro al efecto oleada de las hormonas cada mes.
Coincido con otras chicas en que existe la Golden Week. Esa semana, o varios días, en los que el listón desaparece y hasta el tío más sosainas se transforma en todo un macho alfa. Si tuvieran un detector de Golden Weeks, estaríamos perdidas.
Afortunadamente, la percepción desarrollada durante años después de varios fracasos y facepalms matutinos hace que la parte más racional se blinde, y cree un listón de realismo altísimo durante esos días para que las hormonas no decidan venderse de rebajas. Esos listones que sólo funcionan en la sobriedad.
Después de esos días, viene la ya conocida menstruación, y sus empachos de un alimento cualquiera, y la ansiada serenidad mental. Adiós al histrionismo, y aquello que un par de días antes era un desastre ahora es lo que es, una chorrada más.
Lo malo es que esta mañana encontré en el suelo de mi habitación una libretita de camarero, de esas en las que se puede apuntar la mesa, el trabajador y todo lo que pidan las nenas de la terraza, que suelen ser una caña tras otra con unas patatuelas. Y que las traiga el rubio, ese tan graciosillo.
Ya me dirás tú con qué cara entro ahora a pedir las patatatuelas y las cañas el próximo día.
Lo mejor del tema es que hoy terminó la Golden Week, vuelvo a ser una persona racional, malhumorada y con calambres. Pero todo esto es mejor que sentir las corrientes de hormonas haciendo windsurf por mis venas. Prefiero ser un velociraptor en busca de chocolate en la cocina.
Ahora sólo queda esperar al viernes, El Viernes. Ese Viernes. Divendres. Y suspirar a ratos...
...tot deixant anar l'aire tebi entre les dents.



Johnny Lomax dijo
Ja. No sé cómo lo consigues, pero siempre me haces reír. ¿Será cosa del gazpacho?
27 Junio 2011 | 02:03 PM