No echo de menos nada
No echo de menos a nadie, porque sé que no me apetecería volver a ninguna relación pasada. Las que han terminado, era por algo, así que echar de menos algo que no funcionaba es tontería.
Tampoco echo de menos salir y beber, y todo ese rollo. No lo hago porque no me apetece. Ya no le encuentro el gusto a arreglarse para salir a la calle, y meterse en un bar atiborrado. Buscar un sitio en la barra, pedir a gritos una bebida y pagarla a precio de oro. No me gusta tener que caminar entre cuerpos sudados, sucios, y estar algo perdida entre gente donde siento que no pertenezco.
No echo de menos irme a la cama con alguien (des)conocido, porque sé que al día siguiente SIEMPRE habrá un facepalm, y unas ganas de que se vaya para poder estar tranquila y sola en la intimidad de mi cuarto.
No echo de menos nada, y a la vez sí echo de menos algo. Ese "algo" es una cosa difícil de describir. Echo de menos la sensación, el ambiente, la emoción.
Echo de menos la sensación de saber que hay alguien con quien te sientes unido como mediante un hilo invisible, un cable de energía.
Echo de menos llegar al grupo con un litro de kalimocho en la mano para ofrecerlo y hacerlo rodar mientras me llega otro al que meter los morros.
Echo de menos explorar bajo la ropa un cuerpo que me atrae, que me tomen entre brazos con ganas y la respiración agitada.
Echo de menos las sensaciones que me provocaban esas actividades, pero ahora sé que, aunque hiciera lo mismo, no sentiría eso.
Así que prefiero que, si viene un amigo a casa, quedarnos charlando, acariciando a la perra, hasta quedarnos los tres dormidos en el sofà. Y despertar un domingo temprano y llegar con el chip en la zapatilla al grupo de corredores, que miran con una mezcla de compañerismo y competición.
Y de un tiempo a esta parte, he aprendido a valorar y comprender la amistad. Quizá ahora que tengo la mirada limpia de mierdas para poderlo ver, he comprendido que hay personas que son la hostia. Personas que agradezco que decidan implicarme en su vida, que forman parte de la red afectiva que tanto necesitamos. Personas que hacen que un día malo sea distinto, y uno bueno sea mejor aún. Personas que saben que me encantan los imanes para la nevera y el idioma alemán.
Y, aunque no eche de menos nada porque no quiero que vuelva nada, no puedo evitar una mueca de desagrado al leer, ver o escuchar según qué cosas. Sigo dándole tiempo a los temas, pero creo que quizá no es cuestión de tiempo. Quizá es algo más que se me escapa. Correré hasta encontrarlo.
